Podría empezar animándote a probar Kundalini yoga diciéndote que no tienes nada que perder.

Pero en verdad, tienes mucho que perder:

miedo, ansiedad, estrés, desconfianza, escasez, limitaciones, rabia, confusión, desconexión, dolor, inseguridad, cansancio, queja…

Todo eso no te define. Más bien, toma decisiones por ti.

Como «tengo miedo», nunca me atrevo a dar el paso.

Como «la vida me ha hecho desconfiada», vivo a la expectativa del batacazo.

Como «no soy suficiente», nunca es el momento para nada.

Como «soy insegura», me paso la vida de duda en duda.

Como «no tengo», vivo quejándome de mi escasez.

Todo eso tiene un nombre: roña mental. Y eliminarla no es cosa de un día. Ni nadie puede hacerlo por ti. 

Son patrones, bloqueos emocionales, conexiones mentales que rigen nuestra vida. Pero no somos lo que nuestra mente interpreta que somos. Ni la vida es lo que nuestra mente interpreta que es.

Los yogis, los místicos, lo sabían. La neurociencia ahora lo corrobora.

Si a eso le añadimos que vivimos en un sistema que vive de llenar el espacio de ruido y estímulos para captar tu atención, el día a día se vive como un cóctel molotov. El silencio y el vacío, se convierten entonces, en medicina.

En el silencio, además de recibir soluciones creativas, disruptivas y oportunas, encuentras la fuerza, disciplina y seguridad para ponerlas en marcha .

Qué funciona: las cuarentenas

40 días – mínimo – practicando la misma secuencia o meditación. Sí, 40 días, fines de semana, festivos, vacaciones de verano, Semana Santa, Navidad, cumpleaños, comuniones, bodas, entierros, viajes de fin de curso, viajes de negocios, etc, etc, incluidos.

Y eso es lo que hacemos en Kundalini Yoga.

Y vaya que si funciona.

Cada kriya, cada meditación tiene uno o varios propósitos específicos. Cada mudra, cada mantra, cada pranayama, cada drishti, surte un efecto en concreto. Practicarlos de forma consecutiva durante al menos 40 días te permite empezar a explorar su poder.

Comienzas a ser más consciente del mudra.

Comienzas a ser más consciente de tu voz al cantar el mantra.

Comienzas a sentir más en lugar de evadirte tanto. 

Comienzas a estar más presente en lugar estar tan ausente.

Y ahí comienza el viaje hacia tu interior.

Y Además

Te das cuenta de todas las excusas que cuentas con tal de no sentarte a hacer la meditación.

Te das cuenta de que esos “no puedo, no tengo tiempo, no sé, es imposible” es tu historia mental. Sí puedes, sí tienes tiempo, sí sabes y sí es posible.

Desarrollas una disciplina de acero, que te va a hacer falta si quieres rascar toda esa roña.

Y sin todas esas historias mentales, empiezas a darte cuenta de que, efectivamente, no hay nada que ganar, pero sí mucho que perder.